Cuando llegué a Sao Paulo todo me parecía extraño: el ruido del tráfico que nunca paraba, las luces que no se apagaban y verme rodeada por tanto cemento. Sin embargo, lo que me resultó más extraño fueron las personas.
En Sao Paulo la gente lleva la mirada perdida. Como especie de robots van por la vida a “control remoto”, estando sin estar, miran asu alrededor sin observar, van por allí dentro de sus propias cabezas.
¿Hacia dónde miran estas personas? me preguntaba la primera vez que caminé por la avenida Paulista. En aquel entonces yo creía ser la única que estaba prestando atención a lo que había a mi alrededor y era la única persona libre del hechizo que controlaba las mentes de esta gran ciudad.
No por mucho tiempo…Tan sólo unos meses han pasado y ahora lo entiendo todo: es Sao Paulo, la ciudad, que te “programa” para mirar hacia afuera mientras estas perdido en tus propios pensamientos, y así vas recorriendo las calles y avenidas de la ciudad.
Ahora yo misma me pregunto hacia dónde estoy mirando cuando camino por la ciudad y no sé qué responder.
Quizás la respuesta es: “fuera de aquí”. Porque el ruido que no se acaba, el tráfico que no se detiene, las luces por siempre encendidasy el cemento infinito, son una realidad muy dura, para quien todavía crea que Sao Paulo es el país de las maravillas.